Las lenguas neolatinas son aquellas que con el paso del tiempo surgieron como una evolución del latín vulgar. Es el caso del español o castellano, idioma oficial de España y de la gran mayoría de los países latinoamericanos, ocupando el tercer lugar en el mundo en cuanto a cantidad de hablantes. Actualmente, su uso ha alcanzado la segunda posición dentro de contextos laborales a nivel global.
La decisión de optar por alguna de sus dos denominaciones aceptadas como sinónimos, castellano y español, es quizá resuelta con mayor pertinencia adoptando el nombre mencionado en último término. Esto se explica debido a su ausencia de ambigüedad y a la referencia inequívoca a un idioma hablado por cuatrocientos millones de personas en diferentes países y regiones.
Debido a las amplias y variadas zonas geográficas donde se extiende y propaga su utilización, presenta numerosas variantes locales: español neutro, latinoamericano y norteamericano, entre las principales. Como todo código de comunicación humano sufre constantes modificaciones derivadas del manejo cotidiano, del cambio de épocas y de los diferentes entornos en los cuales impera, conservando, no obstante, la estructura histórica. Su lectura y escritura, a excepción de la letra “h”, son idénticas a su pronunciación, lo que le otorga una gran calidad de limpieza idiomática.
No es ningún secreto que se trata de una de las lenguas de mayor riqueza: una enorme cantidad de conceptos, de fácil articulación, y miles de verbos dan cuenta de ello.
Numerosas palabras españolas pueden, a primera vista, aludir a un mismo significado. Sin embargo, el extenso repertorio de matices y acepciones de los que dispone este idioma ofrece infinitas posibilidades lingüísticas. Esta característica conlleva un aspecto altamente positivo, favoreciendo la precisión y la variedad comunicativa formal y literaria. Como contrapartida, exige el uso exacto de los vocablos de modo de asegurar una correcta interpretación y valoración de esta lengua. Esta reflexión es especialmente válida aplicada al habla específica de cada uno de los diferentes universos hispanoparlantes. Un mismo término refiere a distintas ideas dependiendo del origen del cual provenga.
La palabra choro, por ejemplo, significa molusco en Chile, ladrón en Argentina y mentira en México. Escaparate se define como el espacio de exhibición de una tienda en España y como un mueble en Venezuela. Flojo es holgazán en ciertos países sudamericanos y laxo en España. No es de extrañar, entonces, el cuidado con el que los usuarios de este idioma deben expresarse.